Capítulo cuarto
Me encontraba fuera del hospital paseando por una pequeña zona ajardinada con varios árboles y muchas flores. Pisaba el césped con delicadeza como si sintiera su dolor al posar cada uno de mis pasos. Me había vuelto más sensible al tratar el tema de mi madre con papá. Ahora veía las cosas desde otro punto de vista y podía llegar a comprender el dolor y sufrimiento ajeno al mío. Alcé la vista y observé el antiguo edificio de color gris rodeado de ventanales que formaban el hospital de la zona. Allí había cientos de personas que estaban padeciendo alguna enfermedad, dolor,… Pude ver algunas siluetas que me observaban tras el cristal deseando estar fuera como yo, prisioneros de forma voluntaria en una cárcel de gérmenes y padecimientos. Vi un anciano en la tercera planta que apoyaba su mano en el cristal, como si empujara para poder salir, y su cara de disgusto me maldecía por estar sano. Luego agachaba la cabeza y se retiraba al interior de su habitáculo aislado del mundo social en el que pasaría el resto del día viendo la televisión hasta que se acabara el tiempo que le da la moneda que echó algún familiar hace algunas horas.
Alcé un poco más la vista y contemplé el sol del mediodía que quería esconderse avergonzado tras el edificio, rebosante de salud y consciente de su larga duración de vida. Radiaba su calor que rozaba mi piel como una caricia ofreciéndome su energía vital.
El hospital se hallaba bajo su sombra, adquiriendo un tono oscurecido, más triste, como si los que se encontraran dentro se les hubiera prohibido recibir la luz y el calor del sol, contando el poco tiempo que les quedaba en esta vida pasajera. No todos tendremos una larga vida como el sol pero en el poco tiempo que se nos ofrece podrían dejarnos aprovecharlo al máximo, poder ver tantas cosas como se pueda, descubrir infinidades de cosas misteriosas, ir más allá de donde nuestros pies puedan llegar. Si nuestra vida es tan corta, ¿por qué debemos padecer y sufrir?
Alcé aun más la vista intentando ver más allá del techo azulado que formaba nuestro cielo buscando algo que me diera alguna explicación. Si se nos había regalado la vida… ¿por qué debíamos sufrirla en lugar de disfrutarla? Alguien podría echar una mano de vez en cuando. ¿Ángeles? ¿Dioses? Qué más da, pero que den una pequeña ayuda a estas personas necesitadas que sufren en silencio una vida que se les ha impuesto, no regalado.
Mamá también estaba entre todas esas personas. Su cuerpo se desgastaba por culpa de un cáncer que ella no pidió, consumiéndose minuto a minuto en contra de su voluntad, acortando su tiempo en esta vida. ¿Es un castigo? ¿Cómo se puede tratar de esta manera a una persona que lo ha dado todo por los demás? Lo que demuestra mi teoría de que estamos solos en este mundo, desamparados a nuestras anchas. Nosotros vivimos un ciclo de la vida que no se nos ha regalado por lo que somos conscientes de que hemos de sufrirla hasta el final. Mamá no había hecho nada malo como para que se le tratase así en una vida que pintan de alegría y felicidad. ¿Y qué hay de nosotros? ¿Por qué hemos de vivir su despedida? ¿Por qué tenemos que seguir sin ella?
«¿Me estás castigando a mí?» pensé sin dejar de buscar algo en el final del universo encubierto por ese cristal azul que nos envolvía. «¿Es porque dudo de tu existencia?» Hablaba mentalmente con alguien desconocido que según dicen se esconde allá arriba en el cielo. Si hubiera otra manera de hacerlo lo haría, pero la ciencia, a pesar de haber inventado internet, las video llamadas, la telefonía móvil, seguía sin poder ponerse en contacto con Él. Podría recurrir a la iglesia, pero creo recordar cuándo fue la última vez que la visité vestido de marinero a los ocho años de edad. No es porque no creyera en esas cosas pues se me había educado en una religión católica desde pequeño ya que mi madre así lo quería. Pero vivimos en un mundo en el que es difícil levantarse cada día y confiar en que alguien nos está ayudando desde otro sitio. Admito que hemos sido los jóvenes los que nos hemos alejado pero eso no quita que no sigamos queriendo ser iguales. ¿Cómo creer en algo que no ves ni se manifiesta? «¡¿Por qué lo haces?!» gritaba para mis adentros recubierto de rabia. «¿Te gusta jugar con nosotros? ¿Acaso somos tus juguetitos y te diviertes colocando en la variedad de situaciones posibles?» Él sabía cuál era la manera en que podría sufrir más esta vida, mi llaga, mi punto débil, pues una madre no se puede perder así porque sí. Sería el mayor castigo jamás impuesto a un niño. ¿Por qué se me sancionaba?
Intenté frenar mi conflicto emocional con algún pensamiento positivo pues comenzaba a desvariar y pronto acabaría tumbado en una cama al lado de mamá contando los pocos días que me quedaban para acabar con todo.
«Si estás ahí …» insistí con tono más razonable, «…ayuda a mi madre, por favor. Cógeme a mí si es necesario pero déjala seguir con su vida.» Me aferré tanto a ese pensamiento que incluso noté pedirlo de todo corazón. Intercambiaría mi vida por la de mamá si pudiera. La quería tanto…
Forzaba la vista para ver más allá de donde mis ojos alcanzaban pero sabía que eso era una tontería. Y de repente algo me hizo bajar de las nubes y atrajo de nuevo mi mirada al siniestro edificio de inocentes martirizados. Un destello brilló en uno de los cristales del segundo piso a pesar de que el reflejo del sol daba a la otra cara del edificio. Unos segundos más tarde hubo otro destello en la tercera planta.
«Me encuentro mal. Debería descansar un poco.»
Observé de nuevo el sol antes de volverme a la habitación deseando robarle un poco de su infinita energía para poder dársela a mamá y que pudiera quedarse conmigo un tiempo más. Cualquier ayuda sería bien agradecida. Un milagro es lo que piden los médicos y es lo que yo había salido a buscar pero confío en que esa ayuda llegue pronto pues no se nos ha permitido poder detener el tiempo y jugaba en nuestra contra.
«Por favor…»
Y con esto dejé mi dura reflexión para enfrentarme a lo que sería la recta final en una lucha entre la vida y la muerte de una persona inocente.
Acabo de leerme los 4 capítulos seguidos. Me iré pasando, pinta bien. :)
ResponderEliminarTe sigo, besos ^_^